17 de septiembre de 2012




"- Si colocas juntas dos fotografías de dos rostros distintos, salta a la vista todo lo que diferencia a uno de otro. Pero cuando tienes juntos doscientos veintitrés rostros, de pronto comprendes que todo no es más que un rostro en muchas variantes y que jamás existió individuo alguno.
- Agnes- dijo Paul y su voz se había puesto de pronto seria-. Tu rostro no se parece a nungún otro.

Agnes no percibió el tono de la voz de Paul y sonrió.

- No te rías. Lo digo en serio. Cuando estás enamorado de alguien, estás enamorado de su rostro y se convierte en un rostro que no se parece a ningún otro.
- Claro, tú me conoces por mi rostro, tú me conoces como rostro y nunca me has conocido de otro modo. Por eso ni se te podía ocurrir que mi rostro no soy yo.

Paul respondió con la paciente preocupación de un viejo médico:
-¿Cómo que tu rostro no eres tú?¿Quién está detrás de tu rostro?
- Imagínate que vivieras en un mundo en el que no hay espejos. Soñarías con tu rostro y te lo imaginarías como reflejo exterior de lo que hay dentro de ti. Y después, cuando tuvieras cuarenta años, alguien te pondría por primera vez en la vida un espejo delante. ¡Imagínate el susto! Verías un rostro completamente extraño. Y sabrías con claridad lo que no eres capaz de comprender: tu rostro no eres tú".