23 de abril de 2012



En ocasiones, dar una opinión
es una forma sutil de pedir la ajena,
y más provechosa con frecuencia.
Porque cuando ésta se pide directamente,
el interlocutor tiene mayor control sobre la situación,
mejor autocensura y manejo de las palabras.
En cambio, cuando una persona
quiere contradecir lo que otra le propone,
suele ser más enérgica y verborrágica.


Aún si reposadamente,
suele decir más que si se le hubiese pedido que lo hiciese,
por el simple hecho de que lo hace voluntariamente
y por ello recela menos.